LOS NEGATIVOS, VEINTE AÑOS DE PIKNIK.
Desde un rincón, llega a mí una canción, no se oye bien, pero muevo los pies. 20 años después, sigo moviéndolos cuando suenan determinadas canciones, de esas que no mueren nunca, que Los Negativos incluyeron en su debut, “Piknik caleidoscópico”. En esto de la música, a diferencia de otros ámbitos de la vida, yo he sido más bien de los que escuchan desde el rincón, así que me es sencillo valorar como oyente los intangibles de algunas canciones que te transportan sin saber cómo a momentos imborrables y lugares preciosos, aunque no los hayas vivido. Y Los Negativos acertaron con muchos de ellos. Me ha sido fácil poner al día esos recuerdos porque casualmente tuve la oportunidad de compartir la primera tarde de invierno realmente fría de Barcelona este año con Valentí Morató y Alfredo Calonge, miembros de la formación clásica de la banda. A la batería y la guitarra, respectivamente. Con su permiso (“por nosotros encantados de la vida”, dijeron) transcribo parte de la conversación que se desarrolló ante cafés, cafés con leche y carajillos. Los tiempos del rock and roll puede que no queden atrás, pero los estómagos y sus capacidades digestivas ya no son los mismos. Aunque mientras queden sueños y cuatro pelos para hacer un flequillo nada cambiará demasiado. Al menos en nuestro interior. (Sunset Ryder).
Esta conversación, inicialmente, no pretendía ser una entrevista para iPunkRock. Por eso quizá encontréis a faltar algunas preguntas que han aparecido recientemente por el foro. En todo caso, si alguien tiene mucha necesidad de saber cual era la habitación realmente pequeña o dónde estaba la Madalena Lisérgica, siempre encontrará en nuestra concurrida plaza on-line quién le podrá contestar, si así lo quiere. Esta conversación, aprovechando la muy esperada reedición del disco, más bien tenía la voluntad de averiguar cómo se veían los Negativos 20 años después, cómo veían ellos mismos su trabajo desde hoy y cuales han sido los estragos o beneficios del tiempo en el trabajo de una banda que –afortunadamente- surgió demasiado tarde para ser Movida y demasiado pronto para ser noventeros. Eso ha ayudado a que podamos percibirles en toda su individualidad. Como la conversación salió más o menos interesante, pues aquí la tenéis.
Para los que queráis saber más detalles íntimos del disco y matices específicos del proceso de grabación del mismo, os recomiendo una extensa y magnífica entrevista que ese maestro del completismo y la meticulosidad musical que es Angel Maeztu hizo a la banda en 1993, inédita desde entonces, y muy recientemente aparecida en el fanzine Ansia de Color.
Y por si lo lee, que entra a veces, pido desde aquí disculpas a Alfredo Calonge. Alfredo es un tipo pausado, de hablar calmo y tranquilo. Y claro, Valentí no es precisamente eso y yo, que puedo ser las dos cosas, cuando me animo tiendo a la verborrea. Y me animé, por supuesto. Así que si veis menos citas del pobre Alfredo, es porque hubo momentos que apenas le dejamos hablar. En compensación, aprovecho para recordar aquí el disco que sacó hace unos años como Bondage. Pasó bastante desapercibido, pero os aseguro que no estaba nada mal.
¿Conocéis iPunkRock? ¿Sabéis que en los últimos tiempos se habla muy a menudo de vosotros?
(VM) Sí, claro. Alfredo entra de vez en cuando. Yo no tengo mucho tiempo, pero mi compañero de trabajo en el estudio sí entra habitualmente y me pone al día. Estamos encantados y muy agradecidos de todo lo que dicen.
No mencionaremos por si acaso el nick de ese compañero de trabajo, aunque tampoco es que sea un secreto. Antes que nada… ¿esperabais estar 20 años después hablando de Los Negativos?
(AC) Si lo hubiéramos pensado habríamos guardado mucho más material, fotos o grabaciones que podríamos aprovechar ahora. Tenemos cosas, pero podríamos haber guardado más. Es raro. Cuando empezábamos pensábamos que era increíble que ya hiciera veinte años del “Sargent Pepper’s”… y ahora hace 20 años del “Piknik”.
(VM) En realidad, cuando tienes esa edad no piensas ni siquiera en los próximos dos años.
¿Y por qué nos habéis hecho esperar 20 años para reeditar “Piknik caleidoscópico”?
(VM) Ha tardado tanto porque el master era propiedad de una discográfica que ni lo reeditaba ni dejaba que otros lo hicieran. Diferentes sellos lo propusieron pero no se ponían de acuerdo. Al final decidimos hacerlo nosotros. Y es ahora cuando hemos tenido tiempo para hacerlo bien. También es cuando más demanda parecía haber; cuanto más tiempo pasaba más gente nos lo pedía. Muchas compañías independientes querían reeditarlo, pero nosotros pedíamos poder hacer una buena remasterización y margen para un buen libreto y tal. Al final, nos pusimos de acuerdo con Mushroom Pillow. Como es habitual en la trayectoria de este disco, ha habido algo personal en la decisión: fue el primer disco que se compró Silvia, de la discográfica.
¿Ha sido un proyecto consensuado? ¿Estáis satisfechos?
(AC) Sí, nos hemos implicado todos, tanto en el libreto como en la portada e incluso en los asuntos económicos. De la remasterización se ha encargado Enric Lindo, que fue el productor original del disco. Hay temas que han ganado mucho y han crecido con el tiempo. “Mágico Victor”, la del surf o “Un día especial”, que se ha convertido en una de mis favoritas.
(VM) También estamos muy contentos de la reacción de la gente, que está siendo superfavorable. Tenemos mucho feedback, casi más que cuando salió la primera vez, en 1986.
Bueno, ya tuvo mucha resonancia…
(VM) No me refiero a resonancia a nivel televisión o medios de comunicación, sino de la gente. Entonces se hablaba mucho del disco, pero se decía que era un disco revivalista. Hoy, con el tipo de grupos que están de moda, es muy fácil decir que Brian Wilson es una influencia. Queda muy moderno. Pero nosotros ya lo decíamos dos décadas atrás. Por eso, mucha gente que lo escucha ahora por primera vez o después de mucho tiempo, se sorprende de que un grupo español tuviera ese sonido en esa época.
Pues os iba a preguntar justo eso. Creo que decir que es uno de los mejores discos de revival sixties queda muy corto y limitado. Es uno de los mejores en cualquier género…
(AC) Esta perspectiva la da el tiempo. Cuando salió, era el auge del neogarage, un año en que aparecieron grupos similares por todo el mundo. Nosotros estábamos en ese rollo neosixties, pero el disco se hizo, o al menos eso nos dicen los que lo escuchan desde fuera, con una influencia muy de aquí, muy arraigada a la tradición musical del pop en castellano, que nos unía a la manera de hacer de grupos como Los Brincos o Los Salvajes. También por las letras.
(VM) Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que las primeras críticas que entienden realmente el disco, sus influencias y lo que queríamos ser son de hace un par de años hacia acá. Antes nos decían que si hacíamos Beatles y no sé qué, y ahora por fin empiezan a citar las influencias de simbolistas franceses o de cierta literatura inglesa, influencias que no tienen nada que ver con la música.
Eso es porque los periodistas actuales también tienen acceso a más información y referentes que los de antes. Además, ante una letras personales e interpretables como las vuestras, imagino que uno siempre tiene cierto temor a hacer el ridículo si les da en público una interpretación que luego resulta ser errónea.
(VM) Quizá el fondo de las letras sea difícil de captar, porque es muy personal, pero respecto a la forma superficial lo que leíamos que decían no era real. Y mira que dábamos pistas. Nunca nos habían dicho, por ejemplo, que el disco respira mucho de la manera de vivir el momento propia de Byron o los poetas románticos. Que, por cierto, es una filosofía muy de Los Negativos. Es fuerte, porque para mi es muy evidente.
En cambio, ahora todos lo aciertan, es curioso. Por ejemplo, leí una crítica de Kiko Amat en la revista Go y me sorprendió. Sin haber hablado nunca con él al respecto, todo lo que decía es lo que yo pensaba del disco. Es una disección hecha con bisturí. Las influencias que menciona son las auténticas, no Syd Barrett. Comentándolo luego con él, nos decía que le gustaba mucho el disco en su día pero no sabía bien por qué. Y que luego cuando empezó a leer a autores como Verlaine y también le gustaba las cosas le cuadraron.
(Nota: Kiko Amat, autor del texto introductorio de la reedición, es un periodista musical tirando a indie, un estudioso de la confusa teoría del situacionismo -o al menos eso hace ver- y que en el momento de edición del disco, si no estoy equivocado, tenía relación o formaba parte de una agrupación mod de Sant Boi de Llobregat, un pueblo junto a Barcelona, con lo que vivió el proceso original de cerca y en primera persona)
Pepe Kubrik también nos hizo una disección perfecta en Ruta 66, demostró que en veinte líneas se podía describir el disco a la perfección. Han tenido que pasar veinte años, sin embargo.
Eso es porque los críticos también se copian entre ellos, hacedme caso… Por otro lado, con lo poquito que lee la gente ahora, va a ser aún más difícil que el disco se comprenda en toda su extensión. Resulta curioso, también, que si fue tan poco comprendido haya mantenido tan viva su vigencia y su carácter de culto, mediante el boca a boca, a través de los años.
(VM) Es que el “Piknik” funciona a diferentes niveles. También lo hace como un simple divertimento. Incluso se puede disfrutar de fondo mientras se hace otra cosa o tomas algo con alguien. Es la ventaja de las cosas pop.
(AC) A veces no es imprescindible comprender del todo una cosa, la potencia de la imagen simbólica es suficiente, penetra en el inconsciente.
¿Entonces para qué trabajasteis tanto la producción y los detalles?
(VM) ¡Porque es una cosa pop, pero de calidad! Ha de funcionar a varios niveles. Mira los trabajos de Andy Warhol. No son más que serigrafías a tres niveles, pero toda la fuerza que tienen le viene de una explicación real que no hay por qué conocer para disfrutarlas, pero que existe.
Pero si la conoces, te metes en ella e igual pierdes el disfrute inmediato que es precisamente la esencia del pop, ¿no? A ver, que nos líamos. Yo no puedo escuchar “Mágico Victor” sin que me venga a la cabeza la imagen de Victor, porque le conozco. Le veo durante la canción y es menos pop. ¿Me pierdo frescura o la disfruto más? Y así con diversos referentes localistas que introducís.
(VM) A ver, quizás alguien de Vigo, por decir algo, no conoce a Victor, pero puede que vaya a un bar cercano donde la música que pone un tipo allí le arregla el fin de semana. Que es de lo que habla la canción. No hace falta un conocimiento exacto, se puede disfrutar de ambas formas. Aunque el “Piknik” es básicamente un engendro pop.
(AC) Es tan importante el fondo como la forma.
Vale, si yo sólo intentaba aclarar conceptos… Volviendo a lo que hablábamos de la comprensión del disco por parte de la crítica actual ¿supone eso que en realidad no era un disco retro sino al contrario, un trabajo visionario o vanguardista? Lo digo viendo su superioridad moral y “arreglística” sobre muchos trabajos de garage revival de aquellos años. El “Piknik” parece más bien haber anticipado, en varias de sus canciones, una forma de hacer pop basada en la psicodelia británica (la pop, no confundir con determinados taladros transoceánicos) y en arreglos preciosistas, absolutamente vigente en el año 2005.
(VM) En realidad es un disco clásico. Por descontado que podría haberse compuesto hoy. De hecho, hay muchos grupos que pretenden sonar así, aunque no acaben de conseguirlo. Además, la forma de cantar no es sixties, y hasta hace poco nadie se daba cuenta.
¿Cómo que no se daban cuenta? ¡Si es absolutamente ochentera!
(VM) ¡No! Es punky. Como los Stranglers, los Jam o los Buzzcoks.
Pues eso, ochentera de los principios. O tardo-setentas, que es lo mismo…
(VM) Ah, vale, es que creía que te referías a cómo cantaban los grupos de la Movida. Y eso sí que no tiene nada que ver.
(Bien, hay veces que Carles Estrada canta como el de La Frontera, pero en aras de seguir manteniendo una conversación civilizada, lo dejaremos pasar, más que nada por que queda muy bien con los momentos en que lo hace)
(AC) En realidad, lo que pasa es que se le están descubriendo muchas caras nuevas al disco. A la gente le inspira cosas diferentes. Nosotros pretendimos reproducir parte de la música que escuchábamos pero, partiendo desde el movimiento mod en que nos incluíamos, queríamos ofrecer alguna cosa más, como la influencia psicodélica.
El disco no se había reeditado jamás y era difícil encontrar copias del original. Tampoco creo que ocupe el número uno del ranking de descargas por internet, así que en realidad la reedición lo va a poner al alcance de mucha gente que sólo lo conocía de oídas y de mucha más que quizás ni siquiera haya tenido referencia a él. ¿Os da miedo que pueda desmontarse el mito?
(VM) En absoluto. Los que hablan conmigo y lo han escuchado, incluso la mayoría de mis amigos, que no son del mundo de la música, y la gente que me llama y no conozco de nada, para entrevistas o reportajes, está dando una respuesta fantástica. Nos está contactando gente de toda España que parece que sigue manteniendo el nivel de adicción y respeto por el disco. Una especie de culto, en efecto. Hay mucha gente que nos dice que tiene este disco como algo mítico. Por lo que sea, a mí se me escapa, no lo entiendo del todo ahora ni lo entendía del todo antes.
(AC) Hay gente que nos cuenta que se pasan horas explorando el disco, que tratan de darle interpretación a las letras. Incluso que hacen el amor con él…
Claro, luego nacen Cigarras Panameñas y pasa lo que pasa… Por cierto ¿hay algo de sinfonía adolescente en las letras? Dos décadas después… ¿os reconocéis en las citas literarias? Lo digo porque ya sabéis que con 18 años muchos leemos “Las flores del mal” y demás poetas malditos y a los 35 decimos “vaya mierda me colaban” o nos emocionamos con “En el camino” de Jack Kerouac y cuando hemos caminado por nosotros mismos acabamos concluyendo que la generación beat, Ginsberg excluído, eran medio lelos… ¿Nada de vergüenza retrospectiva?
(AC) Ya. Es como leer a Castaneda. Pero son cosas que en un determinado momento hacen clic en la personalidad de la gente. Hacen que las cosas funcionen y acaben siendo como son. Sin ellas el disco tampoco sería como es.
(VM) Nosotros jamás hemos tenido vocación de malditos. El “Piknik” no es más que una filosofía casera, pero que funciona. Las letras son más simples de lo que parecen. Son muy simples, en realidad.
Bueno, yo diría que simples eran más bien Los Brincos y sus cimas de la literatura profunda tipo “no me fiaba de ti y te cogí el pasaporte” o “¿borracho yo? ¡tururú!”…
(VM) En realidad jamás quisimos ir más allá de lo que hacían los Brincos. Al final todo acaba reduciéndose a lo mismo: más simple o menos simple, era lo que nos pedía el cuerpo en aquel momento.
Por ejemplo, la letra de “Haciendo surf en mi mente” defiende que en tu cabeza puedes hacer lo que te de la gana. Puede ser surf o cine en super 8. La mente es poderosa. Queríamos explicar que hay cosas que basta con que quieras hacerlas. Para ser budista no es necesario viajar al Tibet. Entonces eran impensables situaciones como tener una casa llena de artilugios pop. Nadie tenía referentes. Ahora, mucha gente de esa generación tienen casas que parecen salidas de una pesadilla pop.
Supongo que, entre otras, son las que aparecen en uno de los videos que acompañan la reedición, sobre la base de “Moscas y arañas” y “Habitación realmente pequeña”. ¿Los videos son para hibridar el disco con el presente?
(VM) Sí, son casas como esas. Lo de los videos es porque nunca llegamos a hacer ninguno. Y entre eso y que yo actualmente me dedico a ese tipo de trabajo, queríamos que la gente nos viera. Porque nosotros no vestíamos así. Nosotros éramos así. En los 80 mucha gente se disfrazaba de algo por la noche y luego en su vida diaria era absolutamente normales. Nosotros no. Éramos un auténtico producto de nuestra época. De hecho, todavía llevo botines, aunque otras cosas ya no, ya no te las pide el cuerpo. Mirando hacia atrás, y aunque eso sería entrar en temas personales que no me gusta tocar, creo que la evolución personal de los cuatro ha sido muy coherente. De hecho (yo les había comentado un rato antes que “Stop” era la canción que menos parecía gustar a un buen número de fans de la banda, al menos entre los que yo conozco), “Stop” abre el disco precisamente porque su letra marca la cultura vital del grupo. Y la llevábamos a la práctica. No somos muy de afirmaciones radicales pero cuando las hacíamos las seguíamos hasta el final. Y hemos seguido la filosofía de “Stop” durante el resto de nuestra vida.
Hablando del presente. ¿Os véis –como afirma Mushroom Pillow en su promoción- como aptos para fans de grupos de indie-pop ligero en castellano como Deluxe o La Costa Brava? ¿Os sentís antecedente de bandas así?
(AC) Eso son cosas de la compañía, que lo debe hacer como referencias para vender el producto.
(VM) Hombre, tampoco es mentira del todo. Sabemos que a muchos de esos grupos les gustan nuestros discos. Aunque comercialmente siempre hemos tenido una carrera fatal. Es habitual que nos digan que este disco, de haber sido hecho en inglés y publicado en otro país, hubiera funcionado de maravilla, pero en España… El otro día leía a Ariel Rot comentar que en España faltaba el momento histórico en que el rock pasaba a formar parte del imaginario y la cultura popular, y que por eso no se ha popularizado como forma de expresión a nivel general.
Ya, pero es otra cosa. No me veo a Joel Deluxe experimentando con cintas al revés, por decir algo.
(VM) Ser un referente no significa que te copien ni que seas igual de bueno o malo. La gran diferencia es que antes nuestro público era más sectorial, más 60’s, y actualmente el público potencial para un disco de estas características es mucho más amplio. En el pop de hoy, como decíamos antes, afirmar que utilizas una guitarra de doce cuerdas en plan Love no hace exactamente retro, sino más bien culto, que no es lo mismo. Es mucho más fácil reivindicar ese tipo de gustos. Otras bandas como los Sunday Drivers lo hacen. Es más bien una cuestión de buen gusto que de revivalismo.
¿Así que la reedición tiene algo de acto de justicia y de reconocimiento a de dónde viene una parte del pop hecho en castellano en nuestros días?
(AC) De hecho, y pese a toda la expectación que se está montando, no es más que un reedición, aunque añada cosas nuevas. Básicamente lo que queríamos es que mucha gente que no podía tener el disco pueda hacerlo y lo escuche.
(VM) Para mí, esto de la división temporal en décadas musicales es muy relativo. Hay cosas que son clásicas y punto. Por no hablar sólo de pop, discos como “A kind of blue” de John Coltrane merecen estar en las tiendas a disposición de quien quiera disfrutarlo. Como lo merece cualquier novela de Truman Capote. Es una cuestión de derecho al disfrute. Es cultura, con mayúsculas, porque para mí el pop y el rock son cultura con mayúsculas. Y hay cosas buenas en todas las épocas.
¿Y ahora? Si hay una buena respuesta ¿volveréis a tocar? ¿Reeditaréis vuestro segundo disco?
(VM) Lo de volver a tocar, no. De momento está descartado. Todos tenemos nuestra propia vida y trabajos montados y sería difícil. Roberto, además, vive actualmente en Mallorca. De hecho nos han ofrecido tocar en varios sitios, pero decimos que no. Ni siquiera uno sólo para presentar el disco. Tendríamos que trabajar mucho para un solo concierto. Claro que también lo decíamos antes y en 1996 nos reunimos para un concierto en el Apolo, para la presentación del recopilatorio “Mi generación”, de Al·leluia Records. Estuvo muy bien, pero de momento lo dejaremos como un recuerdo.
(AC) Sabemos de sobra que unas buenas ventas necesitan promoción y una banda tocando detrás, pero de momento no tenemos planes en ese sentido. Y como hoy en día, además, las ventas de discos son las que son…
(VM) Lo de reeditar “18º sábado amarillo”… pues seguramente sí. Tenemos alguna grabación alternativa y es posible que metiéndole un poco de mano y cambiando alguna canción por otra pueda quedar bien. Pero es mucho trabajo.
Pues malas y buenas noticias para sus seguidores, antiguos o nuevos. Su segundo disco tenía momentos casi tan inspirados como el anterior. Pero una producción y mezclas desafortunadas le han hecho soportar mucho peor el paso del tiempo. Cosas buenas de las reediciones en cd, que permiten arreglar estos estropicios y volver a dar luz a canciones que lo merecen de sobras.
Yo, después de un muy buen rato hablando con ambos, entiendo una vez más el secreto del “Piknik caleidoscópico”. No sólo es que sea un viaje rápido y un picnic genial, ni la fuerza de las imágenes simbólicas de las que hablaba Alfredo (esas migas de pastel de manzana cayendo sobre los discos que tanto nos gustan, esa escalera en espiral que da figurado acceso al Club del Cerdo Violeta, ese graduado en underground escuchando discos de los Seeds en que seguro que más de uno habrá creído o querido reconocerse...). No, es todo lo que hay dentro, riquísimo y tan bien batido que acaba saliendo, voluntariamente o no, un coctel a gusto de casi todos. Cuando ya marchábamos, como sin quererlo y esperando una colleja verbal, le comentaba a Valentí que yo solía recomendar el disco a amigos míos alejados del rollo 60s, psicodélico o mod, pero fans del rock de guitarras británico de los 80, más que nada porque siempre he pensado que en los Negativos había algo, no muy reivindicado, de bandas como los Church o los Chameleons. Y que a todos les encantaba. (AC) “A mi me gustaban mucho los Chameleons”. (VM) “Y yo era muy fan del “Porcupine” de Echo & the Bunnymen”. Lo dicho, para todos los gustos.
Reportó Sunset Ryder, al servicio de iPunkRock desde un pasado que vivió en segunda fila (que no al fondo), para un presente en que sigue habiendo un lugar para los mismos sueños de entonces. Y mientras continúen siendo sueños podremos seguir intentando ser felices.
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