TERRY LEE HALE
Este tejano de 52 años quedó marcado al nacer. Ese día fallecía Hank Williams. Una vida de ciudad en ciudad, dedicada a la música de una manera que solo se puede entender cuando es la música la que hace avanzar sus pies. Maldito y bendecido, este viajero incansable ha recorrido las sombras del rock’n’roll blandiendo o buscando respuestas y preguntas. Siempre habrá un camino bajo sus botas y algo nuevo que encontrar al final de la carretera. (Diego R. J.)
Un 12 de mayo de 1953 Terry Lee Hale abrió los ojos en el piso superior de una panadería de San Marcos, Texas. Diez colegios en diez ciudades diferentes implicarían pocos amigos pero mucha imaginación, mientras la radio le alimentaba con Hank Williams, Fats Domino, Tenesse Ernie Ford o Jim Reeves. Con catorce años comienza a tocar seriamente y a los 17 es expulsado por última vez del instituto, se marcha de casa y parte hacía California. Buscaba jams y grupos a los que acompañar pero ya sentía que quería ser un músico solitario. Desde 1972 reside en Chicago, Boulder, Austin, Lansing, Denver, Yakima, México o Los Ángeles para acabar viviendo en Seattle en 1984, tocando donde le dejan, trabajando en lo que puede y sin permanecer más de un año o dos en ninguna ciudad. A su llegada a Seattle lleva consigo una guitarra, una maleta y muchas buenas canciones (además de una hija de 7 años). Formó el trío de garage rock The Ones, al que siguieron muchos otros intentos mientras seguía desarrollando su propio estilo. Fue una época apasionada por el volumen y esos sonidos oscuros que calarían perfectamente en el underground de la ciudad, caldo de cultivo del grunge que conmocionaría los 90. En 1992 recibe la llamada. El sello alemán Normal Records le pide permiso para editar su última grabación. “Oh what a World” se convirtió en su primer disco oficial en 1993. Al año siguiente se traslada a Francia para quedarse. Diez discos de estudio, un directo y un recopilatorio han visto la luz desde entonces. Los dos últimos son una recopilación con sus mejores canciones y el reciente “Celebration what for”.
“Celebration what for” es el título de tu último trabajo. Parece que quieres reflejar que no vivimos tiempos en los que se pueda festejar o celebrar cualquier cosa ¿A qué hace referencia ese título?
«Efectivamente parece que vivimos de nuevo en edades oscuras. ¿Y es correcto andarse con jodidas celebraciones en un mal día? Aunque por otro lado podrías entender el título cómo esas razones para celebrar algo. Claro como el barro, ¿no? El disco contiene una mezcla de canciones, algunas tristes, otras felices. Buscaba un título que fuera capaz de reflejar esas dos facetas mías.»
Grabaste el disco en Zagreb, Croacia. Resulta curioso utilizar músicos de la Europa del este para grabar una música que deambula entre el Blues, el Country y otros sonidos con raíces tan americanas.
«Aunque sea americano llevo viviendo unos cuantos años en Europa. Me gustaría pensar que la música de “Celebration what for” trasciende los límites del Americana. Y por supuesto, la mayoría de la música, y especialmente el Blues, el Country o el Rock’n’Roll, es plenamente internacional en estos tiempos modernos que vivimos (¡aunque mis tentativas para encontrar una mujer croata que hiciera estilo Western armonizando conmigo son bastante divertidas!). Mis discos se venden principalmente en Europa así que prefería darle un sentimiento más europeo. Otros factores que influyeron para grabar en Croacia son los precios de los estudios de allí, los buenos amigos que tengo y el nivel tan alto que hay entre los músicos.»
Has grabado discos plenamente en solitario y tus actuaciones también las haces sin compañía. ¿Por qué prefieres trabajar en solitario a con una banda respaldándote?
«Lo cierto es que solo he grabado un disco en solitario (“Blue Room, 2000”). El resto ha sido grabado con varios músicos, instrumentos y formatos. Es verdad que la mayor parte de mis actuaciones las realizo en solitario pero también he hecho muchísimos tours con bandas de diferentes nacionalidades (francesas, americanas, checas…). Generalmente se encargan del formato guitarra, bajo y batería. Yo ya no toco nunca la guitarra eléctrica.»
¿Nunca?, ¿a qué se debe?
«Tomé esa decisión por un par de razones. La primera es que a los 40 años me detuve a reflexionar. Pensé que con el tipo de múscia que hacía por aquel entonces (algo parecido al garage rock) no sería capaz de continuar cuando tuviera 50 o 60 años. Hay grandes guitarristas que continúan tocando con más de 70 años. Pero no lo veía para mi, por lo menos como ocupación a tiempo completo. Yo quería que la música ocupara todo mi tiempo pero con 40 seguía trabajando de barman o promotor. La música era algo que hacía a parte. Esa reflexión me permitió ver que la acústica era el instrumento con el que me sentía más a gusto y me ofrecía mayores desafíos y satisfacciones. Y nunca he contradicho esa decisión. Hoy soy afortunado y vivo tocando música aunque sea a duras penas. Todavía tengo mi eléctrica, por supuesto, y podría sacarla de su caja para un nuevo proyecto en un segundo. Y para la variedad, en vez de pedales de efectos tengo una buena 6 cuerdas, una nueva 12 cuerdas y una preciosa Dobro. Créeme, esas guitarras me mantienen muy ocupado.»
Comenzaste a tocar seriamente en 1967 pero no fue hasta 1992 que grabaras tu primer disco. Eso es paciencia. ¿Has pensado alguna vez en abandonar la lucha?
«Me llevó mucho tiempo conseguir un contrato discográfico y, créeme, yo no estaba nada seguro de que eso fuera a ocurrir algún día. Pero yo nací músico y nunca me planteé la posibilidad de abandonar a no ser que dejara de respirar. Durante todos estos años difíciles continué escribiendo canciones y practicando. Tocaría en cualquier sitio en que pudiese y grababa en cuanto conseguía un pequeño dinero extra. Grababa mis propios LP’s / casetes y los vendía en mis conciertos (esas grabaciones quedaron recogidas en “Wilderness years” (Glitterhouse Records, 1999). Ya sabes, por todos los músicos como yo que han conseguido un contrato discográfico hay miles y miles que tocan y crean su propia música fuera de los clubs y los estudios. Soy uno de los afortunados, es cierto, pero créeme cuando te digo que nunca he olvidado esos largos años desiertos (“Wilderness years” se traduce como ‘Años desiertos’).»
Aparecías en el recopilatorio “Sub Pop 200” (grabado en 1988) con todas aquellas bandas que estaban germinando en el sonido Seattle (Nirvana, Soundgarden, Mudhoney…). Tu sonido es diferente pero también contenía ese característico sentimiento de oscuridad. En aquella época te mudaste a Europa. ¿Cómo ves ahora la relación de tu música con la de todas aquellas bandas que engendrarían el grunge?
«Lo que creo que tengo en común con todas aquellas bandas de los 80’s es la buena voluntad y las ganas de hacer mi propia historia. Muévete hacia delante y que jodan al resto. Haz lo que haces, no hacen falta excusas. Durante muchos años no hubo clubs en Seattle. Ni dinero ni soportes. Por supuesto que eso ha cambiado hoy en día pero cada una de esas bandas que aparecían en “Sub Pop 100” y “Sub Pop 200” salieron de las calles, perseveraron y encontraron alguna forma para llegar a un estudio y grabar. Desarrollaron un cierto ‘músculo’, si esto tiene sentido. Seattle estaba literalmente situada al final de la carretera y por esa razón era el lugar perfecto para desarrollar tu propio estilo sin la carga de pesadas influencias. Un buen sitio para compositores, grupos y soñadores. Seattle era tierra fértil entonces, ¡y todavía lo es ahora!»
Naciste el mismo día en que murió Hank Williams. Un personaje que ha entrado y salido de tu vida en numerosas ocasiones.
«Creo que mi primer recuerdo musical es Hank Williams en la radio mientras iba en coche a algún sitio. Debía tener tres o cuatro años. Su voz es una de las más tristes y nostálgicas. Y fue su voz la que me abrió los ojos a un mundo exterior a mi vida familiar. La música que te alcanza tan profundamente es parte de ti al igual que la leche materna. Puedo tocar música country toda la noche e incluso en mis sueños. Esa es mi auténtica base musical.»
Estudiaste en diez colegios diferentes de diez ciudades distintas. A partir de 1970 viviste en Los Ángeles, San Francisco, Oregón, Chicago, Boulder, Austin, Lansing, Denver, Yakima e incluso México antes de acabar en Seattle en 1984. Y nunca estuviste más de un año o dos en un sitio concreto. ¿Por qué no podías quedarte en un sitio concreto?
«Supongo que podría haber parado, pero por una razón u otra siempre quería ver que había más allá por la carretera. Quería saber qué había a la vuelta de la esquina y, ¿por qué no? Era joven, amaba viajar y me gustaba el desafío. Siempre andaba buscando cosas nuevas musicalmente y seguramente sea esta la causa principal por la que nunca permanecía demasiado en un sitio. América es muy extensa y te lleva muchos años ver todo lo que hay. Aunque hablemos el mismo idioma en todos lados las diferentes partes lo son tanto como España y Francia, por ejemplo. Quería ver y sentir esas diferencias. ¡Romántico que es uno!»
Recibías la llamada de la carretera. ¿Cómo sonaba para ti?
«Esa llamada suele venir precedida de un sentimiento de inquietud que ninguna distracción puede remediar. No es una campanada de iglesia o algo similar. Simplemente sé cuando me está llamando. Es algo dentro de mis huesos. Todavía está ahí y siempre es bienvenido. No siempre lo hago caso pero siempre lo recibo. Significa que todavía quedan cosas ahí fuera para que las vea y aprenda.»
Imagino que vivir de esa forma, tocando dónde sea y trabajando en lo que salga, puede sonar romántica pero debe ser muy dura.
«Por supuesto, no te confundas con eso. Es muy difícil hacer las maletas y marcharse a otra ciudad, estado país. Tienes que encontrar un nuevo sitio para vivir, nuevos trabajos y nuevos amigos. No es romántico en ningún sentido y requiere mucha determinación, esfuerzo y energías. Estás solo casi todo el tiempo. Yo hago amigos con facilidad y he sido bendecido con unos cuantos muy buenos en todos los sitios a los que he podido llamar hogar. Tener que decir adiós a toda esa gente es siempre lo más difícil para mí.»
Desde que viniste a Francia en 1992 eres viajero del mundo. ¿Cómo has llevado todos estos años viviendo al otro lado del océano?
«Esta pregunta me llevaría unas cuantas páginas para responderla. Te puedo decir que he encontrado el estilo de vida europeo mucho más a mi gusto que en cualquier sitio en el que haya estado de América (¡fuera de Texas, tal vez!). Existe un nivel mayor de calma por aquí, de humanidad si prefieres llamarlo así. Es difícil responder sin generalizaciones en este tipo de cuestiones. Pero prefiero ganar dinero para vivir mi vida que vivir mi vida para ganar dinero. Y me parece que, mayormente, eso se da más en Europa. Soy americano y creo que eso no puedo cambiarlo, pero me siento más en mi hogar aquí que allí. También hay muchas razones políticas para preferir vivir aquí. Pero eso ya es otra historia…»
Todas esas experiencias que has vivido supongo que serán las fuentes de las que beben tus líricas. Pero esas letras expresan sensaciones de tristeza o felicidad, en canciones como ‘I still want you’ el dolor se hace tangible. Las experiencias son personales pero con la música pueden convertirse en sensaciones universales.
«El ‘arte’ de una buena canción es lo que permite una declaración estrictamente personal se pueda convertir en algo que otra alma pueda identificar como suyo. Ese es mi reto como compositor. No sólo satisfacer las necesidades personales de interpretar y dar voz a tus paisajes personales sino hacerlo de una forma que sea entretenida y universal. Y creo que no es algo sencillo. El disco en que aparece esa canción, “Blue room”, fue escrito después de una traumática ruptura que tuve con una mujer a la que quería muchísimo. Los sentimientos en aquel disco estaban muy cerca de la superficie y quedaron expuestos. El haber podido expresarlos de una manera en la que tú y otros pudierais ser capaces de sentirlos es una respuesta a muchísimo trabajo duro.»
¿Pondrías la importancia de las letras sobre la de la música?
«Realmente siento que para mí, las letras son de suprema importancia. No podría cantar ninguna basura. Supongo que también habrá gente que piense lo mismo de mi música. Pero yo estoy condenadamente orgulloso de lo que escribo y de las canciones que aparecen en los discos o las actuaciones. La música puede ser simple o complicada, pero de cualquier forma sirve de soporte a las palabras. Es cierto que una buena melodía o una determinada carencia de ella pueden ser de vital importancia para encuadrar las palabras. Las grandes canciones se componen de ambas, música y letra, yendo de la mano.»
En ese mismo disco, “Blue room”, hay una canción llamada “Texas rose” con una temática que parece sacada de las letras de Johnny Cash. ¿Cómo sueles involucrarte a ti mismo en las letras?
«Las canciones son como animales divertidos. A veces solo tienes que aliementarles para que respondan con un ronroneo. Otras tienes que tirarte al barro y luchar con ellas a muerte. Aunque escriba desde la experiencia personal me suelo tomar muchas libertades para crear las historias de mis canciones. “Texas Rose” se inspiró en la película de Clint Eastwood ‘Sin Perdón’. Hay una escena en la película en la que el granjero/cazador de recompensas se marcha cabalgando para capturar una última presa, diciéndole a su hijo de diez años que se quede en casa y cuide de su hermana pequeña y la granja. Así que cogí esa imagen que grabé en la memoria y la asocie a una experiencia personal. “Texas Rose” había nacido. ¡Y yo sigo buscando a aquel hijo de puta!
Las canciones son como los niños, todos crecen diferentes. No hay reglas pero todos responden al amor y al afecto. Encontrar la llave al corazón de tus canciones te acercará a tener una oportunidad de escribir algo realmente bueno.»
En tu último concierto en la Gruta no habría más de 40 personas pero las atrapaste a todas consiguiendo su total atención. No todo el mundo domina el inglés con la fluidez necesaria como para entender tus letras de primeras. Pero la voz o el sonido de una guitarra también pueden atraparte, a veces incluso mejor que las letras. ¿Qué opinas al respecto?
«Hombre, siempre sería mejor si la gente pudiera entender mis palabras. Cuentan historias, tienen un mensaje, como ya te he dicho la música soporta a las letras. Pero también trabajo muy duro con la guitarra y seguro que esas personas que no entienden lo que digo extraen significados de la música. Creo que la buena música trasciende al lenguaje. Yo escucho mucha en la que no entiendo una jodida palabra. La música habla alto por si misma. Recuerdo aquella noche en la Gruta muy bien y fue especial.»
Se acaba de editar un recopilatorio de tu trayectoria, “The best of ferry Lee Hale”, con el que dices haber completado un ciclo. ¿Sientes que vuelvas a comenzar de alguna forma?
«Últimamente he estado sintiendo la necesidad de expandir mis límites musicales. Este disco es una buena colección de mis canciones, y quizás especialmente para aquellos que no hayan escuchado nada de mi música con anterioridad. También incluye un CD extra de mi primer disco recientemente reeditado, “Oh what a World”. Mi próximo disco incluirá diferentes formatos y estilos, más raros de los que habitúo. Con este recopilatorio ha finalizado otro periodo para mi.»
Cinco discos/artistas vitales para Terry Lee
* Cualquiera de Hank Williams: Gran calidad en las composiciones, maravillosas melodías y músicos. Una voz solitaria llena de anhelos y esperanzas perdidas.
* Cualquiera de Reverend Gary Davis: La primera vez que escuché su forma de tocar la guitarra supe inmediatamente que así era como yo quería tocar. Tenía la sorprendente habilidad de tocar bajo, rítmica y solista al mismo tiempo. Impresionante técnica de mano derecha. Podía hacer sonar su guitarra como un piano. Me esfuerzo mucho para tocar de esa forma mi música.
* “White album” de The Beatles: Su influencia en mi fue enorme. De nuevo hablo de canciones maravillosas y gran variedad de estilos, desde rock’n’roll sucio a preciosas baladas. Una banda destacada en un periodo remarcable. Estoy seguro de haberles escuchado más que a ningún otro grupo.
*“Essence” de Lucinda Williams: Hay muchísimos cantautores magníficos en el mundo y no me gustaría tener que decir cuál es el mejor. Pero sí debería decir que si quieres escuchar lo mejor que te puede ofrecer un cantautor en un solo disco este es el que tienes que comprar. Una banda impresionante (con mi batería favorita de todos los tiempos Jim Keltner), canciones maravillosas, gran producción y el enorme componente emocional desprendido por este talento de la música.
* “Under the big black sun” de X: Al igual que fui influenciado por todo el country, blues y rock’n’roll de los 60 también lo fui por todas las bandas post punk de Los Ángeles y su sonido acelerado hasta la saciedad. Bajo, batería y guitarra y la voz de Exene al frente junto a John Doe. Energéticos con grandes canciones. Puede que yo actúe en solitario la mayoría de las noches pero amo el rock’n’roll. Y si puedo expresar energía y honestidad como lo hicieron X, entonces seré un hombre feliz y satisfecho.»
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